El Gabinete del Dr. Qian



El gabinete del Dr. Qian Lan Gen, el acupunturista, no debe diferir mucho del gabinete de cualquier otro médico chino. De hecho, la Dra. Suan, la que le da esos tecitos depurativos a A. C. envueltos en extraños sobres tipo origami realizados en papel de rotisería, debe tener un gabinete parecido, según lo que la misma A. C. nos cuenta.
En la sala de espera del gabinete del Dr. Qian, después de atravesar el acceso al final del pasillo, uno puede encontrarse con: Varias pilas de revistas chinas de deportes chinos (aproximadamente 8 pilas de unas 40 revistas cada una); dos peceras enormes iluminadas con tubos fluorescentes que dejan adivinar paisajes del fondo marino como para engañar a los dos o tres peces dorados y negros que la habitan.
El techo de la sala de espera descendido por un falso cielo raso en telgopor y las plantas artificiales mienten calidez.
Sobre la pared de la sala hay una imagen al óleo de lo que parece ser un lago chino rodeado de árboles a modo de estampa; repisas con los mas variados adornos (animalitos, potiches, platitos, todos realizados en cerámica); diplomas muchos y de todos los colores y tamaños y fotos montadas sobre bastidores de madera con celebridades que se supone que son o fueron pacientes del Dr. Qian. Todas abrazándolo, todas sonrientes, todas curadas de sus males y finalmente felices: Leonor Benedetto, Andrés Percivale, Miguel Angel Solá, Sebastián Borensztein y Bruno Gelber (estos dos últimos aparecen en más de una foto y en situaciones cuasi familiares) entre otros. Lo de Bruno es fuerte, por qué negarlo.
Cuando nos llega el turno una mujer; que suponemos es la señora Gen, esposa del Dr. Qian, llama suave pero firmemente: “¡Anelante ke shigue! ¡Anelante!”. Y si, anhelantes, anhelantes los pacientes esperamos que el Dr. Qian nos salve, que nos arranque el dolor, que nos clave dulcemente las agujas, que nos marque a fuego con sus ventosas como un amante furioso y luche con nuestras contracturas en un combate feroz, no nos golpea a nosotros hasta hacernos llorar, golpea al dolor y es él quien llora.
El Dr. Qian es de pocas palabras, tal vez por que es un sabio (algunos le dicen "El Maestro") y prefiere no hablar demasiado o tal vez por que no domina mucho el idioma castellano. No importa. Él obrará el milagro sobre nuestros cuerpos. Él enfrentará el Mal que habita en la fauna mas extraña, estrafalaria y bizarra que invade su gabinete cada día. Incluidos nosotros.

7 comentarios:

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