Htal.Vte.López

Querías, amigo, que te cuente mi día? Bueno, fue un poco inusual y sin embargo tuvo algo de dejá vu. Me levanté a las 6.30 am, desayuné y partí hacia el Hospital Vicente López. Me tomé el tren en Retiro hasta la estación Cetrángolo, igual que hace 15 días. Igual que hace 2 meses. A las 8 am me encontraba con madre y padre por que hoy finalmente tenía fecha confirmada mi padre para su operación de próstata luego de dos intentos fallidos anteriores por falta de cama. Por eso tenía ese dejo a dejá vu mi día. Ya te digo por qué.

Mi padre es una especie de anarquista espontáneo de la salud, dice que no cree en la dictadura de las prepagas y que el sistema público tiene sus falencias pero que hay que saber usarlo y conocer sus vericuetos y sus vicisitudes. Así aceptó pacientemente las dos suspensiones de su operación, pero hoy fue el colmo. Lo acompañé a la entrevista con el urólogo que le dijo que se despreocupara, que estaba primero en la lista de cirugía, esperamos hasta el mediodía y cuando en admisión nos debían dar la cama resultó que no había tal cama para él, el mismo médico que lo atendió había ordenado que hoy no se operara.
Eso me enervó. Monté en “picaso”, como dice mi madre y empecé a despotricar contra el servicio medico y su ineficacia, llamaron al jefe del área y despotriqué con él y me mandaron a hablar con el jefe del departamento de urología, que es, casualmente, el médico de mi padre.. Antes pedí el libro de quejas y una cita con el director del hospital que jamás me concederían, ni esperaba que lo hicieran.

En la entrevista con el Dr. P. Director de Urología del Htal. Vte. López, pedí explicaciones por la contraindicación y quise saber "quien se hacía cargo de la falta de comunicación entre los departamentos. Por qué uno ordena una cosa y el otro la niega, por qué se pasan la pelota, quién me da una respuesta y una satisfacción?". El facultativo se limitó a darme la espalda y a decirme que “él no se hacia cargo de lo que no había dicho, que si el día mañana alguien dice que él es un homosexual degenerado y pervertido el no se podía hacer cargo por que eso no es la verdad” (sic). Quedé perplejo. Me contuve. Pensé: "Que tiene eso que ver con lo que estamos hablando?", justo cuando le estaba por preguntar cómo era posible que un médico homolgue homosexualidad a perversion y degeneración entraron dos médicos mas, grandotes, amenazantes: “Dígale que se interne, dígale que se interne” , vociferaban los galenos, a lo que yo preguntaba como diablos se iba a internar si se había dado la orden de no operarlo. “¡Yo jamás di esa orden, me sobra el tiempo, podría operarlo ahora mismo si quisiera, yo no hago distingos ni tengo preferencias a menos que sea un paciente de 92 años y enfermo de cáncer!”. Eso fue lo mismo que me había dicho quince días antes y dos meses atrás. “Estamos en manos de un loco” pensé “ahora es cuando mas tenés que controlarte”.

No dejé crecer el escándalo. Volé a admisión, pedí disculpas, exigí la cama que se le negaba a mi padre enviado por el mismísimo director de urología, se movieron papeles, cambiaron de lugar los sellos y mi padre fue admitido. Al lado mío un polaco de unos 80 años con su hijo pidieron cama por que tenían fecha para una cirugía y se la negaron. Entonces sucedió lo que me sucede siempre cuando discuto. Me puse a llorar. A moco tendido, con ruido y quejidos. Las empleadas trataron de consolarme. Otros pacientes decían: “Bravo, lo conseguiste. Así se hace. Peleaste por tu padre. Alguien tenía que decirle las cosas a esta gente”. Yo no podía parar de llorar. Tal vez me excedí en el over-act y ahora una emoción verdadera me embargaba.
No dejaba de llorar, en realidad, por que ahora sí había entendido cómo funciona nuestro sistema de salud pública.

Con Padre y Madre mas tranquilos y yo también mas tranquilo, no podía dejar de pensar en el viejo polaco ni en la serenidad de mi padre ni en la cara de agradecimiento de mi madre. Se hizo un silencio larguísimo en la mesa del bar.
Una especie de corte de los milagros iba abandonando lentamente los consultorios externos: Tullidos, parkinsonianos, quebrados, ictéricos con aliento a Povidona y bilis, niños malformados y ancianos deshauciados...
Madre: El hospital es el lugar donde se ven todas las miserias...
Padre: Lo malo es que te acostumbrás muy rápido a las miserias...
Hijo: Ustedes se refieren a este séquito de imposibilitados?
Madre: No. Por supuesto que no. Yo me refiero a las miserias verdaderas.
Padre: Al final me operan mañana nomás...
Ese fue mi día.

Hoy estuve comprando una sonda en un lugar lleno de aparatos ortopédicos y pensé cuánto nos hubiéramos divertido ahí adentro.

8 comentarios:

  1. Hay que hacer verdadero escándalo para conseguir que te den pelota en cualquier institución pública. Y, aún así, me resisto a las prepagas. Finalmente también terminan desprotegiéndote, y no hay "cuota mensual" que valga.

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  2. yo también hubiera llorado, es mi ultima reacción a la desesperación, por suerte la gente aun se sensibiliza al ver a alguien llorar, yo no puedo evitar sensibilizarme al ver a alguien llorar. golpe bajisimo.
    besotes.

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  3. Te quiero y lloro mientras escribo esto...

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  4. Gracias a todos por el afecto y la preocupación. La operación fue un éxito. Mi padre se recupera se recupera lenta pero felizmente.
    Abrazo.
    J.

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  5. La verdad, una cagada esta anecdota. Me hace pensar que yo tb reaccionaria como vos; me pelearia y despues me largaria a llorar de la angustia, de la impotencia, de los nervios... un horror.

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  6. Nooooooooo, no puedo creer, vaaaa, si lo,puedo creer, eso es lo peor.Que uno no se sorprende mas cuando se trata de salud.
    Te mando abrazos y mas abrazos.
    para los tres
    Madre Perla

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  7. Qué lo parió! Yo le hubiese pegado al tipo, pero yo hubiese hecho mal.
    Es increíble la impotencia que se puede llegar a sentir ante cierta gente que tiene "el poder".
    Y más si encima de tener "poder", son locos.
    Por Dios... yo le pegaba!

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