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Banfield 33



Ya estaba saliendo pero mientras me calzaba las zapatillas Maikel me clavó una garrita certera entre los omóplatos. La pregunté, con el tono que se le pregunta a un gato, si quería que me quedara y el respondió clavando su otra garra con un maullido quejoso que interpreté como un “Sí”. Entonces miré por la ventana. Vi la lluvia caer. Caía desde la mañana sin parar, ya eran mas de las 6 de la tarde y no prometía detenerse. No al menos por ese día.

Banfield por la noche y con tormenta puede ser cruel.

En Olivos, los días de lluvia, juntábamos agua en los baldes para lavarnos la cabeza. Nada nos dejaba el pelo mas suave, sobre todo a nosotros, tan crenchudos. Pensaba en eso mientras sentía correr por mi espalda el hilito de sangre que la garrita de Maikel me había provocado. Si es un reclamo con sangre, pensé, debe ser realmente importante y, sobre todo, desesperado. Me necesita, sin dudas. Eso me retuvo en casa. Eso, mas el sentido común, claro. Ese que dice: ¿Vale la pena salir de casa en medio de la lluvia para viajar a Banfield en busca de un par de zapatos que finalmente no necesitás? No.



(A la noche, escuchando la radio de la cocina me enteré de lo que pasó. El tren que yo debería haber tomado había descarrilado. No hubo muertos. No fue una tragedia. Apenas unos contusos y algunos magullones. Igual quedé sin aliento, pero esa es una manía personal. Quedo sin aliento con facilidad. Le reproche a Maikel que me detuviera: Ahora podría estar cobrando suculenta indemnización, le dije. En cambio tengo una herida en la espalda que no llego a desinfectar por encontrarse lejos del alcance de mi mano.)

Banfield 19

A Mia le encanta posar para las fotos. Hace miradas sugestivas o gestos tiernos o alguna pirueta graciosa que sería imposible capturar por una cámara. En cambio, Maikel es mas huidizo. Es reacio a mostrarse y es, sin ánimo de humanizarlo, mucho menos “expresivo”.

Mia es pura violencia y vive en estado de alerta permanente. A veces se nos ocurre que no duerme, que nos vigila. No para protegernos sino para no perder el control de la situación. Maikel es absolutamente maricón, estaría todo el día refregándose en nuestros pantalones, tocarlo es producirle una descarga de placer incontrolable y es quizás el único “gesto” que produce una variación en su cara.

Hago la salvedad: jamás me atrevería a hablar del “carácter” de un gato. Eso se lo dejo a los enfermitos que se enamoran de ellos.

Como sea, Mia y Maikel son muy distintos, a pesar de haber sido adoptados con diferencia de pocos días pero tienen algo en común además de haber nacido en Banfield. Mia prefiere tomar agua del bidet antes que de su precioso bebedero y Maikel prefiere robar comida del tacho de basura aunque su plato esté rebosante. Esa cualidad de ladrones me produce repulsión y cierta devoción por ellos.

Banfield 13

Finalmente sucedió. Todo se prendió fuego. Claro que no literalmente. El jardín de un verde rebosante pasó de la noche a la mañana, como en las buenas tragedias, a ser un infierno del color de la bilis. Todo se secó de golpe después de los calores. Los lirios achicharrados, el pasto quemado, el yuyo imponiéndose en su rudeza, los colibríes desaforados, mas de lo normal ya no parecían tornasolados. Los gatos del vecino dejaron una vez mas sus ofrendas: Dos zorzales y un ratón. Todo en nuestro jardín es muerte. Y mi mirada, también biliar, tiñe todo de un ocre funesto. Todo se terminó para nosotros en Banfield, loado sea Dios. Sin embargo, ni él ni yo somos lo que se dice, plenamente felices.

Banfield 14


Ahora sí tenemos un Edén. El jardín no puede estar mas hermoso ni mas frondoso. Como un estallido, como un fuego artificial, las flores rojas de la enredadera caen sobre la medianera, las calas se secaron pero le dieron paso a los lazos y la menta, el rosal está furioso y la lavanda y las alegrías del hogar y los helechos tropicales bailan frenéticos. Ahora sí tenemos un Edén, nuestro Edén. Qué bien queda el catre en medio del pasto, con esas velitas de noche y la reposera y una copa de vino a la luz de la luna...Y la mesa con los platos sucios después de la cena, la copa caída, el mantel secándose en la soga...Llegando a un punto tan alto sólo puede esperarse que todo desbarranque con violencia, estrepitosamente. Ahora sí tenemos un Edén.

Foto: Kumatron

Banfield 10


Las calas y las mentas siguen asfixiando a los lazos de amor, y eso que los lazos de amor suelen ser bastante fuertes. Pero parece que este no es el caso. Ya todos quieren que dejemos de sufrir por estas plantas. De todos modos, si de algo hay que estar orgulloso, nuestro jardín está compuesto basicamente de plantas que cualquier persona sensata consideraría una plaga.

Banfield 7


En una época me gustaban las calas. Pero ahora me parecen bastante mersas. Y pensar que creía que eran finas y delicadas. Igual nada de lo que pienses de una flor puede ser demasiado objetivo, ni cierto, ni nada. Las flores no son nada de eso que pienses. Cuestión que en Banfield se da mucho la cala, se da como una plaga que hay que controlar, como la menta o como el yuyo silvestre. Yo no controlo nada. Asi que ahora, el jardín de Banfield esta lleno de cala y yo me levanto algunas mañanas con la tijera en la mano y corto un par, o tal vez tres y las pongo en un florero y miro las calas y no salgo al jardin por una semana por que tomé un pedazo de jardín y lo traje al comedor y con eso me basta por ahora. Me conformo con el fragmento. Me conformo.

Photo a lo Raota by E.esT.A!

Banfield 6


De la tierra de Cortázar, Sandro y Florencio Sánchez, una muestra mas de la alta poesía del barrio.

Banfield 5


Madre: Podrías haber barrido el "porche" sabiendo que veníamos de visita...
Hijo: Lo barrí, madre. Lo barrí. Pero sopló muy fuerte el viento y cubrió todo con la hojarasca amarilla del otoño...
Madre: No hay nada que hacerle, el Paraíso es muy roñoso...
Hijo: Lo mismo pensaba yo hace algunos meses...
Madre: Te crié para que pienses lo mismo que pienso yo...Y cómo quién sino?
Hijo: El Paraíso es definitivamente muy roñoso.

Banfield 4


Necesitamos un jardín que estalle de Buganvilias ó Buganbillas, que no son otra cosa más que la famosa Santa Rita. Preferimos decirle Buganvilias por el asunto del dicho: "Santa Rita, Santa Rita, por un lado te da y por el otro te quita". Mi madre siempre me dijo que era una santa a la que mejor no había que pedirle nada: Mirá la planta como es, unos colores preciosos, pero te ensucia todo y vos ya tenes bastante que limpiar...Si le vas a pedir a alguien pedile a san Expedito, se conoce que por Banfield son bien devotos, todo esta lleno de carteles de agradecimiento. Me doy cuenta que llegamos a tu casa por los pasacalles!
Necesitamos un jardín que estalle de Buganvilias.

Banfield 3


En la puerta de casa hay un Paraíso. Es decir, el Paraíso esta de la puerta para afuera. No en la puerta propiamente dicha. De todas maneras, fuera de lo que se puede esperar de todo Paraíso, el Paraíso es algo bastante sucio. Pierde bolitas todo el año, ramitas, hojitas, florcitas y todo lo que un árbol puede perder pero en cantidades industriales que van a parar a la puerta de nuestra casa. El Paraíso que está a las puertas de casa es una roña. Por eso nos quedamos de la puerta para adentro.

Banfield 2


"Tené mucho cuidado con la menta que es muy invasiva", me dijo la Tía V., mientras yo pensaba, "que más quisiera que una invasión de menta!". Si hasta parece el nombre de un disco ultramoderno, de un artista tipo Emisor, por ejemplo, o alguno de esos: "Invasión de menta", me encanta.
Y la tía V. no se equivocó en lo mas mínimo, la menta ahogó los pimpollos de rosa rococó, los copetes, la flor de azucar y hasta el lazo de amor que tambien es medio plaga. Tan rápido se propagó la menta que apenas pude detenerla antes de que asfixie a los tomates cherry y las berenjenas. Le dije a la tía V. que había logrado controlar la menta y que estabamos muy tranquilos por que el barrio en el que vivimos es muy seguro, como para cambiar de tema: "No te confiés, querido, el Sur es el Sur" me dijo. Ahora vivo esperando lo peor.

Banfield 1


Hace tres meses nos mudamos a Banfield. No nos gusta vivr aqui pero de algún modo hemos recreado nuestro mundo, el que llamamos hogar, a veces. Banfield es raro. A las 9 de la mañana nos despierta el jardinero con el motor de su bordeadora, a las 10 pasa el sodero y aguatero, a las 11 el vendedor de "sándia" o "sandinista" como nos ha gustado llamarlo en un brote revolucionario: "¡Sándia rayada, grande, dulce, redonda, granada!" "Sándia correntina, señora, señor, redonda, dulce para quien guste probar", a las 12 pasa el que vende baldes y palanganas y despues todo se duerme hasta las 17, por que acá se duerme la siesta aunque no quieras. Definitivamente, Banfield es un lugar raro.

Banfield

Hace tres meses nos mudamos a Banfield. No nos gusta vivr aqui pero de algún modo hemos recreado nuestro mundo, que llamamos hogar, a veces. Banfield es raro. A las 9 de la mañana nos despierta el jardinero con el motor de su bordeadora, al las 10 pasa el sodero y aguatero, a las 11 el vendedor de "sándia" o "sandinista" como nos ha gustado llamarlo en un brote revolucionario: "¡Sándia rayada, grande, dulce, redonda, granada!" "Sándia correntina, señora, señor, redonda, dulce para quien guste probar", a las 12 pasa el que vende baldes y palanganas y despues todo se duerme hasta las 17, por que aca se duerme la siesta aunque no quieras. Definitivamente Banfield es un lugar raro.

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